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Hiromitsu Kato: una mentalidad japonesa entre Oriente y Occidente

En febrero de 2019 se celebró una exposición de Hiromitsu Kato en el Aula Magna «S.M. la Emperatriz Michiko» del Centro Cultural Hispano-Japonés de la Universidad de Salamanca. Presentamos el texto que el crítico de arte Satoru Yamada escribió con ese motivo, junto con las valoraciones que la obra del pintor ha recibido en el extranjero desde 2009.

Hiromitsu Kato: una mentalidad japonesa entre Oriente y Occidente

Sobre Hiromitsu Kato

Nació en 1957 en la prefectura de Miyagi. Cursó el máster de nihonga en la Universidad de Arte de Tama y, a partir de 2000, con dos exposiciones individuales al año como eje de su actividad, mostró también su obra en el extranjero, en ciudades como Nueva York, París, Madrid o Seúl. Es conocido por sus biombos con decenas de miles de pétalos de cerezo pintados. En febrero de 2019 presentó con éxito una individual en el Centro Cultural Hispano-Japonés de la Universidad de Salamanca; poco después, en abril de ese mismo año, falleció repentinamente en su taller de Ranzan, en la prefectura de Saitama. Tenía 62 años.

Una mentalidad japonesa entre Oriente y Occidente

Satoru Yamada (miembro de la AECA, Asociación Española de Críticos de Arte, y de la AICA, Asociación Internacional de Críticos de Arte)

«Bajo los cerezos hay cadáveres enterrados».

Con este arranque estremecedor comienza «Bajo los cerezos», relato de Kajii Motojirō (1901–1932). El protagonista quedó cautivo de la belleza de la flor del cerezo. Y, en el reverso de esa belleza, sintió la presencia de lo «feo». Presa de la inquietud ante la belleza desmedida de los cerezos, el protagonista imagina:

«Las raíces del cerezo, como pulpos voraces, sorben el líquido que, semejante al cristal, gotea de los cadáveres de animales y de hombres».

Así lo imagina; y no sería en absoluto extraño que se tratara de la imaginación del propio Kajii Motojirō, que murió prematuramente de tuberculosis a los 31 años. Desde antiguo, el cerezo, con su belleza desbordante y con la manera en que esa belleza se deshoja, efímera, ha sido para los japoneses fuente de una inspiración unas veces apasionada y otras decadente. Y he aquí de nuevo un pintor que encuentra su inspiración en el cerezo: Hiromitsu Kato.

Quería dedicarse al arte, pero dudaba sobre qué camino tomar, cuando entró por casualidad en una exposición de nihonga; las obras lo impresionaron profundamente, y decidió seguir esa senda. Tras ingresar en la universidad de arte estudió también pintura occidental, pero su talento innato estaba, probablemente, más inclinado al nihonga. Los materiales del nihonga no se prestan a obras de gran densidad y peso como las de Antonio López, figura capital del realismo español. Quiso entonces aprender de las obras clásicas del nihonga, y se fijó en Itō Jakuchū (1716–1800), «pintor de lo fantástico» que fundió realismo e imaginación y que, cuando Kato era estudiante, aún era prácticamente desconocido; sus profesores lo tuvieron por un excéntrico, pero el hecho de que hoy Jakuchū sea reconocido como un genio basta para mostrar lo certero de la mirada de Kato. Y la audacia aprendida de Jakuchū, que incorpora también, seguramente de manera inconsciente, la esencia de la pintura occidental estudiada en la universidad, aflora en sus obras convertida en un gusto enteramente propio. Porque, ateniéndose solo a la tradición del nihonga, que exige cierta estilización,

«ya no podría expresarme a mí mismo en absoluto».

Para las obras de esta exposición tomó como motivo la flor del cerezo. El cerezo forma parte del paisaje de su tierra natal, Miyagi, y es también, para los japoneses, un paisaje hondamente arraigado en la estética japonesa por su belleza y su fugacidad. Es la raíz de Kato, y es también la raíz de los japoneses.

No representa el árbol en su totalidad: con audacia, se ocupa solo de las flores. Japón tiene en el sintoísmo una cultura politeísta, capaz de descubrir un misterio hasta en un solo pétalo. Precisamente por eso, dice Kato, también cabe esta manera de pintar. La escena es, por lo general, nocturna. El fondo se vuelve negro. Este negro de Kato es hermoso. No es en modo alguno el negro de la oscuridad. Dentro de ese negro, el oro y la plata se disponen por intuición, apenas insinuados, y ese efecto admirable realza uno a uno cada pétalo de cerezo. Según dónde se sitúe la iluminación, o con la luz del sol, cambia incluso el aspecto de la luna pintada al fondo. Esa magia del negro ofrece el escenario supremo para que los cerezos, condenados a desaparecer, hagan arder su vida en la belleza.

Hiromitsu Kato, «Moon Light», 2018, tinta, oro, plata y colores sobre papel japonés, 90 × 180 cm
«Moon Light», 2018. Tinta, oro, plata y colores sobre papel japonés. 90 × 180 cm

A primera vista quizá parezca un nihonga corriente; pero los hallazgos que Kato introduce con discreción crean, sin lugar a dudas, un «estilo Kato».

La belleza y la muerte. Precisamente porque ven de manera intuitiva la «muerte» en la belleza, los japoneses se sienten atraídos por la hermosura de la «vida» del cerezo. También ha pintado el follaje rojo del otoño o la glicinia, pero en lo esencial cabe decir lo mismo. El instante supremo de una vida, que nos muestra aquello que va a morir. Le pregunté qué quería hacer en España.

«Me gustaría presentar mi mundo con firmeza. Y ver, con calma, si consigo que me entiendan».

Aunque haya venido de Oriente a Occidente, no tiene intención de halagar a la cultura occidental. Cada espectador es libre de sentir lo que quiera. ¿Cómo lo interpretarán los occidentales? ¿Verán la muerte en los cerezos, como los japoneses? ¿Qué verán en la belleza de la naturaleza? Yo también lo aguardo con expectación.

Exposición de Hiromitsu Kato. Centro Cultural Hispano-Japonés de la Universidad de Salamanca, Aula Magna «S.M. la Emperatriz Michiko» (Salamanca, España), del 8 de febrero al 7 de marzo de 2019

Hiromitsu Kato, «Silver Moon», 2016, tinta, oro, plata y colores sobre papel japonés, 180 × 90 cm
«Silver Moon», 2016. Tinta, oro, plata y colores sobre papel japonés. 180 × 90 cm
Hiromitsu Kato, «Crimson Moon», 2014, tinta, oro y colores sobre papel japonés, 180 × 90 cm
«Crimson Moon», 2014. Tinta, oro y colores sobre papel japonés. 180 × 90 cm

Valoraciones en el extranjero (desde 2009)

Las flores brotan de un fondo de textura abstracta y expresan una apertura. La línea es precisa y afilada, y la imagen posee una distinción decorativa semejante a la de las obras de Klimt.

— WALTER WICKISER GALLERY (Nueva York, Estados Unidos), Emil Memon (crítico de arte)

De cuantos pintores han visitado Valencia hasta ahora, es el que transmite la visión con mayor fuerza. Como los antiguos santos de Occidente que alberga el museo de Valencia, y como los artesanos occidentales, posee una técnica altísima, y pinta centrado en la belleza interior. «En la cultura japonesa está el budismo; encuentro a los dioses en la naturaleza y los pinto», explica.

— Del periódico ARTE Y LIBERTAD (Valencia, España)

Las obras de Hiromitsu Kato están hechas con un minucioso trabajo manual, a la manera de la técnica del ukiyo-e, género que en Japón, entre los siglos XVII y XX, creó imágenes de la naturaleza. Influido por el grabado, Hiromitsu Kato indaga a fondo en fragmentos de la naturaleza y los expresa, unidos al collage occidental.

— De la valoración de la exposición por el Centro de Bellas Artes de Valencia (España)

Posee una técnica y una capacidad expresiva excelentes; en cada obra pone todos los sentidos y un trabajo minucioso. En ARCO (el mayor acontecimiento artístico de Europa) y en los museos de arte contemporáneo, lo importante es sorprender con el formato. A partir de ahora quiero colaborar para llevar a Hiromitsu Kato hasta ARCO.

— Paca Carsí (crítica de arte, directora de una revista de arte)

Créditos

Texto
Satoru Yamada (miembro de la AECA, Asociación Española de Críticos de Arte, y de la AICA, Asociación Internacional de Críticos de Arte)
Artista
Hiromitsu Kato (1957–2019)
Imágenes
Las imágenes de las obras se reproducen con autorización de la familia del artista

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